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Cómo afecta la exposición ambiental al riesgo de ELA

Los investigadores de la Universidad de Michigan han centrado su estudio en establecer relaciones de causa y efecto entre las exposiciones ambientales y ocupacionales con la aparición de esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Se espera que esta información arroje luz sobre los mecanismos detrás de la enfermedad y se puedan identificar factores de riesgo modificables, con potenciales implicaciones en la prevención de la ELA.
Los hallazgos y objetivos del equipo fueron compartidos en una presentación oral por la doctora Eva Feldman, líder del proyecto, en la reunión anual virtual de la Academia Estadounidense de Neurología (AAN) celebrada entre los días 22 y 26 de abril. Se estima que la frecuencia de la ELA, que es causada por mutaciones genéticas conocidas, alrededor del 15% de los casos, aumente en los EE.UU. en un 70% para 2040. Feldman cree que esto se asocia no solo con una población cada vez más anciana, sino también con el denominado exposoma de la ELA.

El exposoma de la ELA se define como el efecto acumulativo de las exposiciones ambientales y las respuestas biológicas correspondientes a lo largo de la vida del individuo. Estas exposiciones pueden incluir pesticidas, contaminantes, contaminación del aire y ocupaciones. Cuando se combina con alteraciones genéticas que hacen que el individuo sea más propenso a desarrollar ELA, el exposoma de la ELA puede desencadenar la neurodegeneración asociada a la enfermedad. Esto se llama la hipótesis del gen-tiempo-ambiente.

Investigaciones anteriores no publicadas por equipo de Feldman y sus colaboradores identificaron 280 variantes genéticas de pequeño tamaño que juntas podrían predecir el riesgo de padecer ELA. Estas variantes se usaron para desarrollar el llamado puntaje de riesgo poligénico, que permitió a los investigadores distinguir a los pacientes con ELA de las personas no afectadas con un alto grado de precisión.

Los investigadores se interesaron particularmente en la ELA y el exposoma porque la frecuencia de la enfermedad es más alta en el Medio Oeste (5,7 personas por cada 100.000), que es una región tanto industrial como agrícola. Además, los grupos de casos esporádicos de ELA en el mismo vecindario o en el mismo hogar son comunes en Michigan.

Feldman y su equipo encontraron previamente que la exposición a múltiples contaminantes orgánicos persistentes (COP), incluidos los pesticidas organoclorados, los retardantes de llama bromados y los bifenilos policlorados, aumentaban el riesgo de ELA. Estos contaminantes, muchos de los cuales fueron prohibidos en la década de 1980, son sustancias químicas que permanecen en el medio ambiente durante años, décadas o cientos de años y todos los ingerimos, con efectos muy adversos en el sistema nervioso. Feldman y su equipo también descubrieron rápidamente que una persona está sujeta a múltiples contaminantes durante su vida. Desarrollaron una puntuación de riesgo ambiental teniendo en cuenta varios contaminantes existentes y descubrieron que, juntos, estos compuestos aumentaban el riesgo de ELA unas siete veces.

Las exposiciones más altas, evaluadas por puntajes de riesgo ambiental más altos, también se asociaron con una supervivencia más corta en pacientes con ELA. Datos adicionales no publicados mostraron diferencias significativas en los metabolitos, es decir, productos intermedios o finales de procesos celulares, entre pacientes con ELA y controles sanos en función de los niveles de un COP en particular. Esto sugiere que la forma en que procesamos estos contaminantes afecta claramente los metabolitos en nuestros cuerpos. La doctora anotó que la creciente evidencia apunta al papel de la contaminación del aire en el desarrollo de la ELA. Los niveles del contaminante del aire más comúnmente estudiado, el material particulado PM2.5, son más altos en el Medio Oeste y la mayoría de los casos de ELA en Michigan se encuentran en áreas con mayor contaminación del aire.

Se cree que la contaminación del aire puede interactuar con el sistema inmunológico y desencadenar la neuroinflamación, y el equipo descubrió que los pacientes con ELA que viven en áreas con los niveles más altos de PM2.5 tenían un perfil inflamatorio más fuerte. Los investigadores también han analizado los vínculos potenciales entre las exposiciones laborales y la ELA al encuestar 378 casos de ELA. Descubrieron que las ocupaciones de construcción, limpieza y mantenimiento de terrenos, construcción y extracción, y producción se asociaron significativamente con un mayor riesgo de ELA.

En los EE.UU., las tasas de ocupaciones de producción son más altas en el medio oeste, donde existe la prevalencia más alta de ELA. Sobre la base de estos hallazgos, los autores defienden que debe haber registros que faciliten la correlación de estas medidas del exposoma de la ELA con casos documentados de pacientes y vincularlos con muestras biológicas almacenadas. Además, para demostrar una relación de causa y efecto entre los riesgos ambientales y la ELA, el equipo quiere establecer registros para seguir y recolectar muestras de las personas que están en mayor riesgo, como los trabajadores de producción o construcción, durante décadas. La idea es desarrollar “intervenciones específicas basadas en mecanismos que se centren en la prevención”.

fuente: ALS news today

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